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Entroido, la fiesta de la sonoridad

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Dice Paul Zumthor que “…el texto oral no se satura jamás, no se llena nunca por completo su espacio semántico”. En la celebración del Entroido en Ourense -algo que no se solapa necesariamente con el carnaval, sino que le supera y excede en simbolismo y temporalidad- el texto oral queda desdibujado, y se trata solo de un mapa de sonoridades el que emana desde los actores, llenado de significado todo el espacio de representación; aturdiendo y, en ocasiones, saturando, todo el espacio sensorial. Es mas que el grito, mas que lo gutural o la enunciación. Se trata de una plástica sonora que es puesta en escena y que copa, junto al baile y la plástica propia de su ejecución, toda la comunicación y ritualidades posibles.

Video documental Sons do Entroido

Tan solo se permite un breve momento, una introducción a la posterior descarga, en la que los actores piden permiso a un pedáneo para dar comienzo. Como es natural, es necesario que el recurso oral que precede a la transgresión sonora, se haga empleando para ello el verso, único momento en que lo sonoro cede espacio a la palabra articulada. Quien dirige el ataque da comienzo:

“Somos os da parroquia
Vimos en plan de juerga
Queremos pedir permiso
Pa toda esta caterva.”

A lo que la autoridad responde, versificando también:

“Bos días teñades todos
Benvidos a vosa casa
Afinai ben os instrumentos
Teñes que lle dar moita brasa.

Estar xuntos outro ano
Supón unha gran alegria
Gustanos tanto o fulión
Que hoxe é un gran dia.

Nun vos entreteño máis
E agora, festa rachada
Cantar, bailar e troulear
Podéis empezar ca fuliada.”

Por último, antes de comenzar, la partida se da en verso también:

“A ver companheiros
Antes de que vaia nevar
Dicenos eiquí o xefe
Que xa podemos empezar.”

La magia de la palabra, de lo oral, se conjuga con la sonoridad, con la chocaiada mayúscula que se sucede a continuación.

Levántate Maio, la primavera ha llegado

La fiesta por antonomasia del cambio de ciclo irrumpe en la ciudad: Os Maios.

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Moucho – Maio. La naturaleza triunfa sobre la cruz

Manda la costumbre que, si todo sale como es debido, hoy acabaremos de cabeza en el río de la ciudad. Barbaña o Miño, según se mire, pues es veleidoso el carácter en día festivo, como la primavera que se celebra, de manera que Risco y Xocas recogen ambos puntos como posible final para un día espléndido de celebración: Os Maios.

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Elemento floral

Una tradición que se remonta, río arriba por los meandros de la memoria, y que se ha revitalizado y reconstruido hasta la actual versión contemporánea, producto de una estrategia de recuperación que, mas de cien años después, ha rendido sus frutos.

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Carrabouxos

Es en el año de 1909 cuando los responsables del Semanario O Tío Marcos da Portela se encargan de organizar el actual formato de exhibición-concurso, idea que busca recuperar y dar hálitos a una tradición que paulatinamente perdía empuje entre la población que se abría al siglo XX. El devenir de los acontecimientos les dará la razón: numerosa participación de la ciudad; creaciones que dejan de ser un número para tener nombre propio; coplas que se imprimen para ser vendidas ante el público, primero sin firmar, luego ya firmadas; así hasta el año 2001, en que es declarada fiesta de interés turístico por la Xunta de Galicia.

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Texturas y colores

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Colores y texturas

Un elemento cambiante

Si el Entroido y sus rocamobolescos festejos representan el fin del largo periodo del invierno y su oscuridad, a continuación, Os Maios vienen a constituir la feliz irrupción de la fértil primavera, que anuncia su fabuloso despliegue de colorido, abundancia y mágico encanto. Y, claro está, es una fiesta de carácter colectivo, pues las buenas nuevas nos pertenecen a todos por igual.

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Laboriosa preparación

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Música y naturaleza

De ser de forma cónica o piramidal -incluso un elemento arbóreo, sin mas-, los Maios han visto como su fuerza es canalizada y ‘reconquistada’ paulatinamente. Escribe Xosé Ramón Meriño Ferro en su obra ‘Antropoloxía de Galicia’ al respecto: “O Maio pode estar representado por unha árbore, por un rapaz cuberto de ramallos, por unha armazón máis ou menos cónica ou por unha rama. O Maio-árbore e o Maio personificado, que con toda seguridade son as formas máis antigas e que tamén se coñecían noutras partes de Europa, só se conservan nunhas pocas parroquias”. De modo que hablamos de una celebración enraizada en la memoria colectiva, que ha evolucionado con el paso del tiempo.

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La ‘voz’ del Maio

De este modo, de ser elementos principalmente móviles que recorrían las distintas calles de la ciudad, han pasado ha ser estáticos elementos de exhibición que se exponen ante el público durante el desarrollo de la jornada. Principalmente habitados en su interior durante la ejecución de la coplas satíricas, esta característica se ha perdido también, para dar paso a un coro que recita, al pie, los hirientes o cómicos versos. Por último, una conquista ideológica: coronados por una cruz (conquista llevada a cabo alrededor del siglo VI, según Mariño Ferro), se rinden ante la rigidez del fervor religioso, que hurta su principal significado terrenal, para volverlo sobrenatural.

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La ‘conquista ideológica’

No obstante, cuando hablamos de Ourense, nos referimos principalmente a dos clases de Maios: tradicionales y artísticos, con una hechura respetando las costumbres, y una deriva mas ‘libre’ y ‘creativa’. A este respecto, escribe Clodio González en ‘Levantate Maio’: “Na capital das Burgas existen dous tipos de maios: os tradicionais ou ‘enxebres’, que son de forma piramidal ou cónica; e os artísticos ou de fantasía, que poden representar dende un monumento artístico da cidade ou doutro sitio ata un boneco da televisión”. Ejemplo de ostensible de esta ultima categoría, las elaboradas creaciones que la Asociación de Rabo de Galo suele presentar brillantemente en cada ocasión.

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Lo tradicional, ante la frivolidad de lo contemporáneo

Como se mire o aprecie, la de este año ha sido, de nuevo, una alegre y colorida jornada. Elementos de reivindicación contemporánea, en el plano de la igualdad de género, o de la vida política han vuelto a coincidir junto a los motivos más tradicionales. Una muestra de que, sin duda, la fiesta lucha por mantenerse viva en su constante reinterpretación. La primavera vuelve a triunfar.

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Estética de la reivindicación: la mujer y el Maio

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La cruz vuelve a dar un paso hacia un lado: deviene en lo femenino

Domingo Gordo. Entroido

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Carrera y colorido

Una de las mayores sorpresas que un visitante se lleva de Ourense es su desbordante pasión por los días del Entroido, el Carnaval.

Los pueblos de la montaña del Macizo Central y zonas cercanas son los mas fieles exponentes de una manifestación de celebración que la ruralidad no ha permeado del todo, y que aun sigue siendo de algún modo fiel a sus propios preceptos y representaciones. Localidades como Viana do Bolo o Vilariño de Conso concentran en, apenas un día, el conocido como ‘Domingo Gordo’, un abanico intenso de colorido, celebración, magia y misticismo, todo englobado en un sencillo pero gran desfile, rematado con una comida multitudinaria.

Al desfile acuden numerosos grupos, conocidos como ‘Fulións’ de localidades vecinas, que con su retumbar, en ocasiones teñido de modernidad en su performance, en ocasiones completamente tradicional, retumba a lo largo de las calles. En su compañía, ‘Boteiros’ llevan el encargo de abrir el camino y dejar el paso a los encargados de llevar la sonoridad ante los miles de curiosos.

Resulta interesante que, quienes componen una suerte de guardia y encargo del orden, los Boteiros, devienen en espectacular vistosidad, mas llamativa incluso que la de los propios conjuntos sonoros.

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Momento de la entrada en la Plaza Mayor

Es complejo entender, mas allá de la visceralidad directa comunicada, la significación vehiculada por los conjuntos y su impronta; mas incluso al tamiz de la modernidad actual. El retumbar de los Fulións, que se asocia a la intención de alejar malos espíritus y energías que deambulan por los oscuros y húmedos caminos; las máscaras, trasunto del ocultamiento y la trasgresión, sirven para que los Boteiros deambulen por las calles envestidos de una suerte de halo intocable que les permite abordar a viandantes y vecinos con libertad para dibujar sobre ellos bromas o llevarlos hacia el leve ridículo.

Además, los Boteiros no solo exhiben un inusitado colorido, sino que dibujan sobre sus cabezas una alegoría a lo arbóreo, pues muchos de sus tocados recuerdan de algún modo el trazo invernal de las ramas desnudas de muchos de los árboles que rodean la montaña.

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Evocación arbórea

El ritual todo, preñado de un profundo simbolismo, resulta mágico, visto desde el protagonismo que las Mázcaras de la localidad de Manzaneda toman al ejecutar sus bailes al compás de la cadencia dibujada en el aire por sus Fulións.

Hay mucho de reciprocidad e intercambio que aun sobrevive en la celebración, pues los diversos Fulións recorren los pueblos vecinos devolviéndose mutuamente las visitas, en un claro espíritu colaborativo del trabajo en conjunto en la defensa ante lo sobrenatural y mágico. Todo ello se evidencia, y refuerza, con la celebración de la comida final, evento multitudinario.

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Preparando uno de los Bombos

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Un participante del desfile, con una máscara de madera

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Manuel, posando antes del desfile

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Miguel, ataviado como Mazcara

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Un Boteiro, descansando en medio del desfile

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Un joven participante lleva su mascara, al culminar el desfile

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Baile de las Mázcaras

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Joven participante del Fulión durante el desfile

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Boteiro

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Boteiro

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Participante, al terminar el desfile

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Participante, al terminar el desfile

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Máscara, descansando tras el desfile

Os Fachós de Castro Caldelas

Hay una Ribeira Sacra que se dibuja mas allá de los escarpados viñedos, las montañas y el río Sil. Se encuentra en sus gentes y tradiciones, quizás el elemento mas valioso de todos cuantos esta tierra es capaz de albergar. La gastronomía, el fuego y la comunión entre los habitantes de una misma región, suelen encontrar crisol en una ocasión señalada como es la celebración de Os Fachós de Castro Caldelas.

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Preparación de los chorizos

Es 19 de enero y el frío ambiente nocturno pronto se verá cortado por un espectáculo que, en mucho, me recuerda a las fabulosas representaciones de teatro de calle en donde un enorme colectivo se afana por controlar una hermosa bestia. La diferencia, en este caso, radica en que la bestia mide mas de treinta metros de largo, está hecha toda trenzada de paja, y arderá por uno de sus extremos mientras recorre las principales vías de la zona antigua de la Villa, dejándose llevar por unos enfebrecidos músicos que guiados por su propio compás, se lanzan a la carrera por la oscuras travesías que el fuego purificador va a ir iluminando.

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En el reparto

Previamente, los asistentes han tomado cada uno su breve atado de paja, con la que contribuirán a la pira final, suerte de descanso de la criatura, y culmen del mágico recorrido.

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A la espera

Con el retraso de rigor, la multitud se abre para ver pasar la llegada del animal gigante, hambriento de fuego, cargado por sus fieles porteadores, hasta el punto de inicio de su recorrido. Ya en este momento, la sensación de movimiento coordinado, de performance, acude a los ojos del que asiste. La criatura entra, primero de frente, luego marcha atrás, hasta dar con su punto de inicio, lugar desde el que partirá una vez sea encendida.

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Cargando el potente animal

El encendido es rápido, la criatura parece, en un inicio, ávida por devorar las primeras llamas. Tan solo con el primer contacto, se calmará y comenzará a arder con lentitud y paciencia, de algún modo, dejándose admirar.
La banda de músicos, breves, dan el toque de inicio y el recorrido por las oscuras, estrechas y húmedas calles de la Villa da comienzo. La fiesta está ahora en su momento mas álgido y los fotógrafos terminamos -en algunos casos de un modo lamentable, hay que decirlo- formando parte de la representación. Ante la vorágine de imágenes que la actualidad precisa y devora de un modo instantáneo, quienes capturamos los momentos nos debatimos en velocidad de recorrido y posición a tomar ante, por otra parte, disfrutar y contemplar haciendo el paseo.

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Labor de encendido previa

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A punto de dar inicio a la ruta

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Momento del recorrido

Una vez comenzada la carrera, el devenir es indetenible. No hay vuelta atrás, el animal necesita culminar su recorrido alcanzando su orgiástico final. Quienes lo portan lo saben, quienes lo fotografiamos también, y quienes se han quedado a los pies de la pira, esperando su llegada, también. Todo se sucede sin pausas, pese a que en ocasiones, al virar por la entrada del Castillo, es posible sentir como si, por un momento, la celebración se detiene, una pausa que tan solo funciona como detonante del último impulso a tomar, justo antes del punto en que la bocacalle aviva y despierta de nuevo a la criatura con un soplo de brisa que entra vertiginoso al doblar la esquina.

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Intensidad en los rostros ante el esfuerzo

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La gran criatura de fuego

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Pira final

En un momento súbito, coordinado, todo termina. El monstruo ya está aquí, atraviesa la multitud que le espera y se enrolla por si mismo ante la pira que alimentará. El fin está cerca, una liberación compartida y esperada por todos los participantes. No queda sino ver extático como todo se consume, mientras los participantes van poco a poco alimentando el potente fuego con sus tímido aportes. Finalmente, la música continua, triunfo de la tradición y el empeño de un pueblo por mantener sus tradiciones.

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Alimentando el gran fuego

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Música y fuego

Oquedad rural

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Verea

Galicia se vacía desesperadamente. Las provincias de su interior con mayor dramatismo incluso.
Pueblos enteros puedes atravesar sin ver un alma, un vecino, un gato que corretea de tejado en tejado. Incluso algún ayuntamiento se ha planteado ceder una aldea entera al mejor proyecto presentado. Una paradoja: su mejor potencial, su gente, regalada a otras fronteras a expensas de un futuro incierto, a veces exitoso en el plano personal, pero casi siempre una tragedia para la tierra que les ha parido.
Es imposible entender la historia contemporánea, los últimos 150 años de esta tierra sin tomar cuenta de ello. Una tierra donde los ausentes, para muchas cosas, cuentan tanto como los presentes.
La provincia de Ourense, según el Instituto Galego de Estatística, ha pasado de 420 mil habitantes en 1900 a casi 500 mil en 1950; para luego hundirse en la demografía con menos de 330 mil en 2011. Junto a Lugo, las grandes perdedoras debe esta deriva.
En este sentido, me inquieta y despierta la curiosidad, en ocasiones acudir a pueblos donde las casas permanecen exangües y fatigadas, con una mueca o rictus de espera ante los dueños que nunca volvieron, ante la herencia que nunca se dividió, ante la duda. El silencio como norma.
De ahí surge esta serie, de esa inquietud. Una serie que se presume inacabada por su propia naturaleza.

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Toén

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Toén

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Toén

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Toén

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Toén

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A Teixeira

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Entrimo

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Parada do Sil

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Verea

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Verea

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Verea

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Verea

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Verea

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Verea

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Verea

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Verea

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Verea

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Verea

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A Teixeira

Claustro de San Francisco

El Claustro de San Francisco, una joya siempre polémica.

La posesión de uno de los mas apreciados tesoros de la ciudad no se encuentra exento de controversia; su propia naturaleza e historia, fascinante e intrincada, no hace mas que acrecentar esta tesitura, transformando el repaso al devenir de su destino en un apasionante relato.

Una ciudad que se conforma.

La importancia de las órdenes religiosas en la conformación de la ciudad de Ourense, como en toda una época y en la totalidad de las grandes ciudades, fue fundamental y decisiva. En torno a ella el urbanismo y la organicidad de las ciudades fue orquestándose y dando lugar, en buena medida, a las ciudades que tenemos hoy en día.

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Sección de arcos

La brevedad del formato nos impele a resumir: la orden de los Franciscanos se asienta en la ciudad aproximadamente en el siglo XIII, en la parte mas alta de la ciudad, Cima da Vila, en la zona que actualmente ocupa la Plaza del Corregidor; diferencias e intrigas irreconciliables entre Obispado y Concello acaban con la quema y destrucción de sus instalaciones en 1292 por parte de los partidarios del Obispo Pedro Yáñez de Novoa; años mas tarde, los herederos de aquel, son obligados por el Papa Clemente V a reconstruir el emplazamiento, terminado en 1350, ya no en Corregidor, sino en su ubicación actual, mas arriba de la Cima aun, llevando a cabo la paciente consecución de la obra de arte que hoy en día, tan solo parcialmente, podemos apreciar.

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Vista de Capiteles

Aun en resumen, la historia no acaba aquí: la desamortización introdujo al conjunto de nuevo en una suerte de limbo, que de algún modo no ha cesado desde la fecha, 1835, hasta hoy. Mas polémicas y actuaciones: desde su uso como instalación militar, con las consecuentes remodelaciones necesarias; su uso como hospital improvisado para la epidemia de cólera en 1855; el ‘traslado’, tan solo parcial, de su iglesia hasta la ubicación actual, en el parque de San Lázaro, en 1929; su declaración como Monumento Nacional en 1926. Y, de nuevo, la polémica mas reciente: la redimensión del espacio para albergar una suerte de complejo cultural, hasta la fecha tan majestuoso como inacabado.

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Detalle de Capitel

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Detalle de Capitel

Quizás uno de los detalles que mas me ha sorprendido en mis primeras visitas al Claustro antes de su apertura definitiva al publico, ha sido la prolija hechura del remate en sus capiteles. Me he quedado maravillado viendo como diversidad de figuras, entre fantásticas y grotescas adornaban la parte superior de cada uno de los capiteles.

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Detalle de Capitel

Confieso que cada vez que visito uno de estos conjuntos arquitectónicos, antes que dejarme maravillar por la magnitud del conjunto, que sin duda impone en el caso de San Francisco, pese a ser un claustro relativamente pequeño, confieso decía, que me deleito con la hechura y mimo de los detalles; o bien con lo burdo y grotesco que en algunas ocasiones pueden llegar a ser.

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Detalle de Capitel

Las estructuras mas complejas pueden llegar a causar grande sorpresa, pues imaginar la industria que por aquel entonces era necesario emplear para desarrollar con tan precarias técnicas constructivas -en términos estrictamente tecnológicos, y en comparación con la actualidad- no hace sino dejarnos boquiabiertos. En ocasiones supone un esfuerzo de consideración.
No obstante, es en el detalle del remate de algunas obras donde de verdad se aprecia la voluntad y la capacidad de síntesis para plasmar lo artístico en cada conjunto. Contemplando los detalles de los capiteles, y teniendo en cuenta el remate de la obra, aproximadamente 1350, es posible tejer una suerte de haz de conjeturas que nos muestre cómo la cosmovision reinante influía en cada detalle labrado allí por los canteros.

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Detalle de Capitel

Figuras zoomorfas o antropomorfas, escenas entre grotescas y terribles que acuden a nuestros ojos, dan cuenta de una forma de entender el entorno y las relaciones con lo mágico-religioso profundamente influenciadas por el mega-relato imperante: un discurso impregnado del miedo a lo fantástico, al mas allá; pero que incluso basaba su fuente de inspiración en lo que por aquel entonces constituían los referentes propios de lo terrible: figuras fantásticas y temibles que nos rodean, que dan sentido a la tesis y macro-discurso imperante, que se asienta en el temor a lo desconocido, a lo irreal y carente de la lógica dominante de la época.

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Detalle de hilera de Capiteles

Así, llega hasta nosotros un destello maravilloso de aquella industria, de todo aquel abanico de saberes, artes e interpretaciones, con la reciente apertura del Claustro Gótico, actuación que nos permite apreciar la plenitud de la grandeza que atesora celosamente entre sus series de columnas dobles conformando una planta ligeramente irregular, coronadas en sus capiteles por una serie de trabajos diversos, representaciones fantásticas, antropomorfas y zoomorfas que confieren al conjunto una presencia solemne y mágica a la que no podemos sustraernos una vez entrar allí.

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Vista general de la sección